“La Pregunta es cómo Armonizamos lo que Queremos con lo que Tenemos”

Entrevista a Fabián Jaksic

Fabián Jaksic - La Pregunta es cómo Armonizamos lo que Queremos con lo que Tenemos

Sin miedo a plantear las preguntas ácidas en materia de biodiversidad, uno de sus ejes de investigación, el Profesor Jaksic advierte que se trata de un campo que así como reporta ganancias también puede generar pérdidas. “Reconozco que tengo un sesgo grande en este tema”.

A ratos crítico a otros incluso rayando en el humor negro, el Profesor Jaksic se declara antropocéntrico por naturaleza. No tiene problemas en reconocer que el mundo no fue hecho sólo para nosotros y que, dadas las condiciones, debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para vivir en él. En esa cruzada está desde niño cuando recolectaba bichos y armaba colecciones a partir de sus hallazgos. Por esos años también tenía un especial interés por los animales, vocación que incluso lo llevó a estudiar veterinaria en la universidad. Pero entonces se dio cuenta que lo suyo iba por entender nuestro lugar en el planeta y fue en ese momento cuando descubrió la ecología.

“Lo que los ecólogos tratan de entender es la relación que los seres humanos tienen con su ambiente. Nos interesa ver qué es lo que el ambiente le hace al ser humano y viceversa”, explica.

Frente a la pregunta de si un país como Chile puede darse el lujo de no preocuparse de la biodiversidad, Jaksic, experto en este tema así como en ecología de comunidades y en biología de vertebrados, señala que primero hay que partir por definir qué se entiende por ella.

“La mayoría de la gente tiende a creer que se trata del catálogo de las especies que tenemos, pero no es eso. De hecho, podemos vivir con más o menos biodiversidad. Ese no es el problema”.

¿Cuál es entonces? Para él da lo mismo si los seres humanos quieren vivir con 10 mil especies de hongos o con 3 mil. Lo que importa son los aspectos funcionales de la biodiversidad, en el sentido de qué es lo que hacen las especies en el ecosistema.

“Porque si fuéramos capaces de vivir en ecosistemas muy simples, ¿qué importancia tendría que tuviéramos más especies para hacer exactamente la misma función? Las sociedades humanas han resuelto esto de manera muy obvia: a través de la asignación de las tareas o la división del trabajo. Lo que sobra eventualmente tiene que irse, lo que falta eventualmente debe generarlo”, detalla en forma pausada.

“La gente todavía se queda mucho en el número, que es lo que vende. Pero el asunto es a qué costo. O sea, ¿realmente vale más un cisne de cuello negro que el trabajo de alguien que tiene una familia compuesta por cinco personas?“

Jaksic no tiene miedo de plantear las interrogantes ácidas en este tema, algo que no todos están dispuestos a hacer en forma tan abierta y que le hace reconocer que tiene una visión bastante utilitaria de las cosas. Bajo este predicamento, este científico se pregunta para qué sirve la biodiversidad y qué es lo que queremos. “¿Convertirnos en un museo? Bueno, entonces cerremos Chile. No dejemos que entren más empresas, frenemos los emprendimientos y quedémonos con lo que hay. Pero después de eso me pregunto: ¿qué va a pasar con la gente que reclama por empleo para tener una vida digna?”.

Fabián Jaksic - Quebrar Huevos

Quebrar Huevos

Fabián Jaksic está convencido que en el terreno de la biodiversidad ocurre algo similar a lo que sucede cuando se quiere hacer una tortilla: para conseguir el resultado hay que quebrar algunos huevos. El problema es cuántos y, en este caso, cuáles.

“Es claro que algunas especies van a sufrir más que otras por el uso que hagamos de los recursos naturales. Cualquier emprendimiento humano genera emisiones al aire, efluentes al agua, ocupa territorio y, por lo tanto, afecta a la biodiversidad. Y esto vale hasta para un ser humano parado en un campo que al hacerlo ocupa espacio, pisa la hierba, respira oxígeno y genera CO2, con lo cual calienta la atmósfera”.

Desde este punto de vista, este investigador sostiene que es importante tener presente que la biodiversidad es más que una contabilidad de cuántas especies tenemos.

“Sin mirarlo peyorativamente, creo que esto es tarea de los museos. Nosotros nos preocupamos de ver el valor agregado de la biodiversidad. Y ese valor se da a nivel de las funciones que ésta cumple en los ecosistemas”.

Esto es lo que Jaksic llama el nivel gama de la biodiversidad, principal preocupación del Centro de Estudios Avanzados en Ecología y Biodiversidad (CASEB) de la Universidad Católica. A cargo de generar y transferir conocimiento relevante para entender la biodiversidad desde una perspectiva integral y funcional, con el fin de manejar y conservar el patrimonio biológico de nuestro país para su desarrollo sustentable, este centro -conformado por 28 investigadores- ha ayudado a crear conciencia sobre este tema, aunque para eso tenga que cuestionarse para qué sirve todo esto.

Jaksic explica que la biodiversidad se puede analizar desde distintos niveles y para graficar en qué consiste el nivel gama del cual él y su equipo se preocupan utiliza el ejemplo de una casa.

“Los materiales de ésta y su cantidad, o sea el catálogo, corresponderían al nivel alfa que es como se llama a la biodiversidad en términos coloquiales. La organización de la estructura (la casa construida), que entre comillas es un tipo de biodiversidad bien distinto a los elementos estructurales por separado, sería el nivel beta. El nivel gama, en tanto, se preocupa de cómo se utiliza esta estructura y qué función cumple”, describe.

De los aproximadamente 4 millones de especies que existen en la tierra, Jaksic señala que sólo conocemos alrededor 850 mil, de las cuales la mayor parte de las que ignoramos son microorganismos.

“Es casi seguro que conocemos a todos los vertebrados como también es casi seguro que conocemos una parte menor tanto de los insectos como de los virus y las bacterias. Por lo tanto, la fracción de lo que desconocemos es muy grande”.

-¿Por qué cree que el tema de la biodiversidad ha quedado a nivel de catálogo?

Pregúntele a cualquier persona qué importancia tiene registrar 10 especies de mariposas o mil de ellas. No sabría qué responderle. O por qué tenemos que cuidar 50 especies de anfibios y no 5. La biodiversidad es más que el conteo de especies.

-¿Quiénes son los que se quedan en el conteo? ¿Las autoridades?

Casi todos

-¿Los científicos también?

No, por eso digo que hay que separar aguas. Así como hay personas que cuentan cosas, hay otras que dicen de qué están hechas y para qué sirven. A mí no me aflige si en Chile en vez de 40.000 flamencos hay 22.000, porque pienso que igualmente van a cumplir su función en el ecosistema.

-¿Qué está haciendo la comunidad científica para que la biodiversidad no se quede sólo en el número?

Mucho, harto y hace tiempo. Los científicos que trabajan en este ámbito están evaluando qué es lo que efectivamente hacen las especies en los ecosistemas. Vemos si se trata de especies duplicativas o únicas y la decisión de conservarlas o no corresponderá a un tema de prioridad nacional. Se lo pongo de la siguiente manera: si la idea es proteger una cuenca, podría darnos lo mismo si ésta estuviera poblada por pinos o bosque nativo. Pero si el tema es no sólo proteger la cuenca sino que además mantener la diversidad de los polinizadores que eventualmente pueden tener alguna utilidad, remarca, estamos hablando de otra cosa. El pino no necesita polinizadores en tanto que el bosque nativo sí. Entonces la pregunta más bien se invierte. ¿Qué es lo que se quiere conservar? ¿Una lista de especies, un ecosistema funcionando, el ecosistema para el goce estético, religioso o espiritual? ¿O interesa que se cumpla una cierta provisión de bienes y servicios? Porque son cosas distintas. Lo que estamos haciendo es explorar el menú, en el sentido de qué es lo que la sociedad quiere. Si ésta quiere proteger a toda costa todas las especies que hay, eso significa que vale lo mimo la vida de un hongo que la de un ser humano. Nosotros no somos de ese predicamento. Existe un tema que tiene que ver con lo que se llama desarrollo sustentable o sostenible. Esa es una diferencia bien grande que separa aguas entre lo que es una especie de ecologismo profundo de una ecología más material.

-Y me imagino que habrá cosas que se extinguirán que nunca se supo que existían.

Correcto. Lo que sabemos de la biodiversidad mundial posiblemente equivale a un 20% de lo que existe, pero esto es como el dicho que dice ‘ojos que no ven corazón que no siente’. O sea, ¿en qué nos afecta que desaparezcan 200 especies de insectos del bosque tropical del Amazonas si no tenemos idea qué hacían? El planeta cambia todo el tiempo y eventualmente la especie humana va a desaparecer también.

Y agrega (no sin advertir que puede haber gente que considere esta postura muy utilitaria):

-La conservación de la biodiversidad debe apuntar a sostener el patrimonio biótico en condiciones que siga suministrando bienes y servicios que nos interesan.

“El salto al desarrollo va a consistir en armonizar las presiones del crecimiento económico y social con las necesidades de conservación de los ecosistemas”.

Fabián Jaksic - Antropocéntrico por naturaleza

Antropocéntrico por Naturaleza

-¿Según su experiencia qué le importa más a la sociedad chilena?

La gente todavía se queda mucho en el número, que es lo que vende. ‘Queremos que ninguna de las especies que tenemos desaparezca’, entona la voz para imitar el llamado que algunas personas hacen en esta materia. Pero el asunto es a qué costo. O sea, ¿realmente vale más un cisne de cuello negro que el trabajo de alguien que tiene una familia compuesta por cinco personas? La verdad es que en este sentido soy totalmente antropocéntrico. El mundo no fue hecho sólo para nosotros y, dada las condiciones, tenemos que hacer lo mejor que podamos.

-¿Cuál es la importancia de la biodiversidad para un país como el nuestro que está tratando de dar un salto al desarrollo?

El salto al desarrollo va a consistir en armonizar las presiones del crecimiento económico y social con las necesidades de conservación de los ecosistemas. ¿Realmente queremos vivir en un ambiente no contaminado considerando que los seres humanos contaminan por el solo hecho de existir? Tengamos esto presente. Hay gente que podría decir ‘bueno, tal vez hay demasiados seres humanos en este planeta’. Yo no pienso así. Creo que tenemos que ver cómo armonizamos nuestras necesidades con las potencialidades que tienen los ecosistemas de modo que resistan el uso que hacemos de ellos.

-¿Y cuál es su diagnóstico? ¿Cómo lo estamos haciendo en Chile?

Contra todo lo que digan, bastante bien.

-Pensé que tendría una postura más negativa.

A ver, si la gente fuera totalmente racional ¿por qué alguien querría vivir en Santiago que es una de las ciudades con la peor calidad de aire de todo Chile? Porque gana más dinero para entregarle más educación y un mejor pasar a los suyos. Pese a que en vez de enfermarse una vez al año de bronquitis lo haga diez veces. Así pagamos el aire, a través de la consulta al médico, las horas perdidas en ir a verlo, los medicamentos, además de andar en una condición menos que óptima. Es decir, la gente sacrifica parte de su calidad de vida porque cree que lo que gana es más que lo que pierde. Por otra parte, si yo me quejara de cómo es posible que vayan a ocupar el potencial hidroeléctrico de los ríos de Aysén, usted podría decirme ‘bueno, ¿por qué tiene prendido el computador, la impresora o las luces?’ Entonces yo le diría que todos nosotros, algunos más conscientes que otros, hacemos una evaluación de esto. Lo que me molesta es la inconsecuencia.

Y complementa: Yo le aseguro que si usted va a la casa de alguien que se opone al proyecto hidroeléctrico de Aysén se va a encontrar con que tiene electricidad de todas las formas posibles. ¿Cómo puede esa persona decir que no quiere que generemos más electricidad por la vía de embalsar unos ríos en esa zona? Peor es echar a andar una planta que funciona con carbón y petcoke, como la que el país inauguró en la V región durante el segundo semestre de 2006. Prediquemos con el ejemplo.

-¿Qué oportunidades de desarrollo ofrece la biodiversidad para un país como el nuestro?

Hay países como Costa Rica que utilizan la biodiversidad como gancho para que los vayan a visitar. Nuestra biodiversidad es modesta en términos de número de especies, no tenemos nada muy espectacular y creo que jamás vamos a poder vendernos a nivel de destino ecoturístico internacional. Pero yo diría que esa no es la pregunta. Sería algo tan feo como pensar cómo podemos vender a los mapuches para que los vengan a ver. Lo encuentro terrible.

Fabián Jaksic - “No Cuesta Nada Conservar Hielos”

“No Cuesta Nada Conservar Hielos”

-Como país ¿cómo se decide qué se conserva, qué se estudia y qué se explora en biodiversidad?

Chile está siguiendo reglas bastante simples contenidas en la convención de biodiversidad que firmó y ratificó hace varios años y en la cual uno de los compromisos es conservar al menos el 10% del país en términos más o menos intactos. Legalmente tenemos conservado alrededor del 13% -y tal vez más- de nuestra superficie. Sin embargo, hay un tema de equidad que es interesante y es que de ese 13%, alrededor de un 10% está concentrado en el Parque Nacional Bernardo O’Higgins, en la XI región, que esencialmente conserva hielos. En este sentido, la CONAMA (Comisión Nacional del Medio Ambiente), a cargo del plan de acción de la biodiversidad, se ha impuesto la ambiciosa meta de conservar el 10% de los biomas o ecosistemas del país, lo cual, entre otras cosas, significa que habría que conservar por lo menos el 10% de la superficie de los matorrales mediterráneos de la zona central de Chile. Eso es muy difícil porque, a diferencia de las estepas patagónicas o los desiertos, la mayor parte de ellos están ocupados por agricultura, plantaciones y viviendas. No cuesta nada conservar hielos.

-¿Y los hielos, las tierras patagónicas y los desiertos no contienen biodiversidad?

No tanto, aunque es única. Además, el Parque Nacional Bernardo O’Higgins no sólo tiene hielos. Allí también hay musgos, líquenes, invertebrados, organismos unicelulares y algas microscópicas, detalla en tono pausado. Pero esas especies están mucho menos amenazadas que las que viven, por ejemplo, en Chile central.

-¿Pero se va a poder cumplir con la meta de conservar el 10% de los ecosistemas del país?

Con algún tipo de esfuerzo se va a poder, porque el Estado no puede expropiar territorios así no más. Creo que desde ya Chile cumple en términos de superficie total, lo que tiene que hacer es un esfuerzo para proteger el equivalente a un diezmo por ecosistema. Con eso quedaría feliz, porque no conozco países que de ninguna manera profiten de sus recursos naturales. De hecho, nosotros somos el ejemplo contrario. Somos grandes explotadores de nuestros recursos naturales. Principalmente dependemos del cobre, también de la fruta y los bosques (plantaciones de pinos) y cuando añadimos un poco más de valor agregado aparecen la celulosa, los vinos -en menor proporción- y la salmonicultura. O sea, vivimos de lo que tenemos: nuestras materias primas, nuestros recursos naturales. No somos grandes exportadores de servicios, pero sí de bienes y por eso es importante tener centros como el CASEB que aterrizan el tema de la biodiversidad en términos de que lo importante es que los ecosistemas funcionen, porque dependemos de ellos.

-Tal vez esta pregunta ya no tiene sentido a la luz de su anterior respuesta: ¿Qué políticas se requieren para que la biodiversidad juegue un rol protagónico en Chile?

No, a mí me encanta el tema de la biodiversidad, es mi profesión y yo vivo de ella. Pero la pregunta es cómo armonizamos lo que queremos con lo que tenemos y ahí tengo un sesgo muy grande. Tenemos que tomar algunas decisiones que como todas involucran pérdidas, por una parte, y ganancias, por otra. Es posible que en el futuro descubramos que lo que botamos a la basura valía la pena. Quizá en una planta diminuta existía una cura para el cáncer. O sea, tengamos conciencia que lo que consideramos sin importancia hoy, debido a nuestra ignorancia, puede que sí la tenga el día de mañana.

Ese es el temor de Jaksic, sentimiento que ejemplifica con la destrucción de la Biblioteca de Alejandría.

“Creo que quemarla fue la peor ignorancia que se puede haber cometido. Antes de hacerlo por lo menos se debería haber conservado su catálogo general para tener una idea de qué es lo que contenía y qué es lo que se perdió”, dice convencido.

Lo mismo, sostiene este científico, ocurre con la biodiversidad.

“No tengo miedo de seguir avanzando, lo que temo es a equivocarme. Y el problema es que la equivocación y el temor al error inmovilizan a la gente. No se trata de ser heroico y pasar por arriba de todo. Tenemos que ser conscientes de las decisiones que tomamos y asumir con mucho valor que en las condiciones actuales, con los conocimientos que tenemos y luego de preguntarle a todos los expertos parece razonable botar ciertas cosas a la basura”.

Y concluye: Nosotros hemos pensado mucho esto y nos gustaría que quedara claro que el irse por el extremo más verde o más profundo de la ecología es legítimo y tal vez deseable. Sin embargo, también es importante buscar un balance respecto de la contribución que la ecología puede hacer para el bienestar de la población y en esos términos invito a todo el mundo a pensar para qué sirven las cosas. Para qué las queremos, aparte del goce estético y espiritual. Si tuviéramos esto claro no estaríamos en discusiones bizantinas de si hay o no que poner centrales hidroeléctricas o nucleares, porque ya lo tendríamos resuelto. O sea, todos sabríamos que nos encantaría mantener el país prístino, pero que no se puede y que en esas condiciones tenemos que llegar a un acuerdo de que tenemos que usar nuestros recursos de una manera sustentable. Eso es todo.