El Contrato Natural

El Contrato Natural - Michel Serres

En su libro Serres nos diserta sobre las siguientes interrogantes… ¿Cómo expresar, hoy en día, la belleza del Mundo, el frágil esplendor de la totalidad de la Tierra más que como la gloria antigua de tal paisaje local? Para el Globo que ahora observamos a veces, las ciencias inventan modelos; sobre él, nuestras técnicas actúan. ¿Reacciona? ¿Cómo lo hace? Hemos devenido actores globales, como contrapartida, ¿responde la Tierra a nuestros actos? ¿Combate, diálogo o acuerdo? Ante el riesgo de una lucha a muerte, hay que prever un contrato. Esperanza de una vida común, vemos cómo nace una Naturaleza. Una vez más, ¿cómo expresar la frágil belleza de la Tierra?

Michel Serres, propone añadir al contrato social un nuevo contrato; el contrato natural. Lo mismo que existen los derechos humanos (siendo uno de los mayores logros de la humanidad) debería existir los derechos del planeta.

Y como evidentemente el planeta no habla, pues debería ser el propio ser humano quien debería defender a la naturaleza. Ésta defensa sería por increíble que parezca, de nosotros mismos. Deberíamos establecer un parlamento de las cosas y de la naturaleza.

El concepto no es tan extraño, pues sería prácticamente igual que cuando protegemos un parque o una reserva natural, la única diferencia está en el tamaño, ahora sería todo el planeta el que debiera ser protegido y defendido.

Todo ello implica un cambio de mentalidad, en la que el ser humano ya no es el centro del universo con derecho a todo, sino que vive, o más bien debería con-vivir sobre un planeta del que somos sólo una parte más del mismo. El ser humano ya no es el amo y señor. De alguna forma es como si la humanidad y el planeta fuéramos una totalidad compleja físico-biológica-andrológica, viajando en la misma nave por el espacio.

Se debe entender la naturaleza como un regalo y no como algo que está a expensas de nuestros deseos. La opción que propone Serres y que no tiene ninguna contraindicación, es respetar y fomentar las prácticas de los pueblos indígenas que siempre han sido respetuosos con el entorno. Mientras tanto el resto de la humanidad está muy lejos de actuar en simbiosis con la naturaleza.

Debemos de ser cautos ante nuevas tendencias como el fomento de agrocombustibles, que priman el transporte ante la alimentación del ser humano, destruyendo bosques y la biodiversidad del planeta. La imposición de que en Europa el 10% del combustible sea agrocombustible está trayendo repercusiones a nivel mundial. El trigo y el arroz se han convertido en algo inaccesible para muchas familias de los países pobres. El mercado está completamente distorsionado y los europeos utilizamos la comida para quemarla en los motores, mientras que en otros lugares la gente se enfrenta a la escasez de comida.

Serres nos recuerda que los recursos se agotan, con especial mención a los combustibles fósiles, de los que depende ahora mismo el sistema económico global; el acceso al agua cada vez se complica más. Química ecológica, industrias con cero desperdicios, ciclos de producción cerrada, desarrollo de energías renovables, protección de bosques, evitar la desaparición de gran cantidad de especies y la destrucción de paisajes naturales, no deberían ser utopías, necesitamos que sean realidades.