23 de Marzo, Día Meteorológico Mundial

Día Meteorológico Mundial

El Día Meteorológico Mundial conmemora la entrada vigor, el 23 de marzo de 1950, del Convenio de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Cada año, los más de 180 Estados Miembros que la integran, celebran este día, centrándose en un tema de interés para la humanidad.

Apoyándose en los medios de información, conferencias y otras actividades promocionales, y con el apoyo de las organizaciones que trabajan en cuestiones de desarrollo sostenible, se intenta sensibilizar a la sociedad mundial para conseguir alcanzar algunos objetivos fijados por la OMM, de tal manera, que el público y los responsables de la adopción de decisiones perciban mejor la importancia que revisten las aportaciones de la meteorología y de la hidrología a las diversas actividades de todos los países de la tierra.

Entre las últimas preocupaciones de la OMM esta el cambio climático que han previsto, para este siglo que comienza, los expertos de Naciones Unidas. El Agotamiento de los recursos naturales, la contaminación, la deforestación, la construcción de presas, están poniendo de manifiesto la posible influencia humana en este cambio. Fenómenos climáticos cada vez más virulentos como El Niño parece confirmarlo. Otro ámbito de estudio importante es la previsión de catástrofes naturales relacionadas con la meteorología, como las tormentas tropicales o las inundaciones.

La meteorología es fundamental para predecir sequías, inundaciones y otro tipo de fenómenos que causan estragos a la humanidad. El Día Meteorológico Mundial también es la ocasión ideal para advertir acerca de los efectos que tiene la contaminación en el clima. El adelgazamiento de la capa de ozono ha provocado un calentamiento de la tierra que podría representar un aumento de la temperatura hasta de 4.5 °C hacia el año 2100, si no se adoptan medidas preventivas. Se teme que esto pueda provocar el deshielo de glaciares y zonas polares provocando que el nivel del mar se eleve a hasta en 95 centímetros, lo cual amenazaría la propia existencia de algunos países insulares con zonas bajas y planicies costeras.